FELIPE SÁNCHEZ
ROMÁN (1939-1956)
Por: Iciar Fernández
Marrón
(En Política,
nº 43 Marzo/Mayo 2001)
La figura de Felipe
Sánchez Román es, antes de nada, la de uno de los protagonistas
de nuestro período republicano. Tal vez difuminada por la magnitud
y calidad política de los grandes líderes republicanos,
su perfil refleja una línea de republicanismo cuyo estudio
resulta, a medida que se avanza en su análisis, rico en matices
y contenidos. Para todo investigador resulta apasionante adentrarse
en el universo intelectual y social de un protagonista cuya presencia
política ha ido aumentando a la luz de los datos proporcionados
por los archivos.
Felipe Sánchez
Román y Gallifa había nacido en Madrid el 12 de Marzo
de 1893; su padre era el famoso Senador y Catedrático de Derecho
Civil Felipe Sánchez Román. Heredero de esta vocación,
que le acompañó toda su vida, se licenció en
Derecho en Junio de 1913 y, tras ocupar algún cargo en la Dirección
de Registros, obtuvo la Cátedra de derecho Civil español,
Común y Foral de la Universidad Central en 1916. Junto con
la abogacía, la actividad docente y la vinculación con
el entorno universitario están presentes en toda su trayectoria,
empezando por su pertenencia al Comité Ejecutivo de la Junta
Constructora de la Ciudad Universitaria y culminando en el exilio
de México, donde dedicó intensos esfuerzos a la estructuración
de la Facultad de derecho de la UNAM.
Su actividad pública
se inició antes de la llegada de la República; así,
formó parte del grupo de catedráticos que abandonaron
entre 1929 y 1930 sus cátedras como medida de oposición
a la Dictadura de Primo de Rivera. De ahí, tras varios intentos
fallidos de formar una asociación republicana, pasó
a estampar su firma en el manifiesto de la Agrupación al Servicio
de la República. En Agosto de 1930, asistió, a título
personal, a la firma del pacto de San Sebastián, acta de nacimiento
de la Segunda República. Durante ese mismo año, llevó
la defensa de Francisco Largo Caballero Largo Caballero en el juicio
que se siguió contra los miembros del clandestino Gobierno
Provisional destinado a sustituir el régimen de Primo de Rivera.
En las elecciones de Abril de 1931, obtuvo su acta de diputado independiente
por Madrid. En el bienio de las Constituyentes, ejerció un
destacada actividad desde la tribuna del hemiciclo, tal como queda
recogido en las Actas de Sesiones del Parlamento. Así, formó
parte de la Comisión Jurídica Asesora encargada de redactar
el Anteproyecto de Constitución. También participó
en los Anteproyecto de la Ley Electoral, de la de Menores, de la Comisión
de Responsabilidades y del mismo Estatuto de Cataluña, siendo
especialmente relevante su papel en la Comisión para la Reforma
Agraria, que presidió y para el que redactó un interesante
proyecto de reforma.
Perteneció
Sánchez Román a ese grupo de hombres convencidos de
la necesidad de republicanizar el país desde la moderación
y el equilibrio entre las diferentes fuerzas políticas. Fue
ésta la razón que le llevó a crear el Partido
Nacional Republicano. El PNR nacía en Julio de 1934,
concebido sobre todo como un programa de reformas destinadas al crecimiento
de la nación, una constante en todo su edificio ideológico.
Aunque nunca muy numeroso, sí fue tremendamente leal en la
militancia. El PNR era un partido "moderado, parlamentario
y pacífico", dirigido a las clases medias. En su ideario
se tocaban los más acuciantes problemas de la sociedad española:
la Hacienda, el paro, la crisis agraria, la moral ciudadana... Fue
en este bienio cuando Sánchez Román compiló lo
nuclear de su pensamiento político, de su visión sobre
la nación y de su conciencia sobre el progreso y la modernización.
Durante 1934 y 1935,
tomó parte destacada en las reuniones celebradas entre los
principales líderes republicanos -Azaña, Martínez
Barrio, Alcalá-Zamora- con el fin de construir un bloque republicano
que rediseñase la República y constituyera una oposición
sólida a la CEDA. En 1936, una vez consensuada esta posibilidad
ante la inminencia de las elecciones de Febrero, redactó gran
parte del manifiesto del Frente Popular. Sin embargo, y debido
fundamentalmente a la entrada de los comunistas en dicha coalición,
se retiró de la misma y decidió abandonar la jefatura
de su partido.
El estallido de la
guerra civil y la urgencia de formar un Gobierno de conciliación
hicieron de él un hipotético ministro sin cartera la
misma noche del levantamiento. Se le encargó diseñar
un plan de acercamiento en el que exigía, entre otras cosas,
el alto el fuego por ambas partes, el desarme de las milicias y la
formación de un Gobierno Nacional/Consejo Consultivo que diseñase
un programa de reconstrucción.
En Abril de 1939 partió
hacia México. La etapa del exilio mexicano resulta muy interesante,
no sólo por ser un episodio esencial de la historia de la República,
sino porque, a título personal, fue muy fructífera para
nuestro jurista. Así, fue Asesor Jurídico a la Presidencia
de la República, interviniendo en temas tan sustanciales
como la nacionalización de los recursos petrolíferos.
Continuó su labor como civilista en un bufete de abogados y
siguió con su actividad docente como profesor de Derecho Comparado
en la UNAM, donde fundó el Instituto de Ciencias Jurídicas
-que sigue funcionando en el presente -. Falleció a causa de
una enfermedad pulmonar en la capital mexicana, donde permanecen sus
restos, en Enero de 1956.
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