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| Partido fundado en 1934 por Manuel Azaña Díaz | ||
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Nacía Nicolás Salmerón y Alonso en abril de 1837, séptimo hijo del matrimonio formado por Francisco Salmerón López y Rosalía Alonso Cortés. El padre, médico de profesión y de ideas liberales, había marchado años antes a tierras almerienses desde Torrejón de Ardoz, para establecerse en el pueblo de Alhama la Seca, donde se sentía más a resguardo de la política represiva del absolutista Fernando VII. Huérfano
de madre contando pocos meses, Desde estos primeros momentos la personalidad de Salmerón queda definida por una gran capacidad de trabajo, unida a una sólida formación intelectual y a una honestidad y coherencia en su conducta que en ocasiones llegaría a resultar contraproducente para su carrera política. No tiene, en función de lo dicho, nada de particular que Nicolás Salmerón se encontrara entre las víctimas de la política represiva que caracterizó los últimos años del reinado de Isabel II. Separado de su cátedra en la llamada “primera cuestión universitaria”, y necesitado de medios de vida, abrirá el Colegio Internacional, que se ha considerado en cierto modo un precedente de lo que años más tarde será la Institución Libre de Enseñanza. Acusado de conspiración, será detenido y encarcelado. Marchando posteriormente a su pueblo natal, a reponer su salud, quebrantada por la estancia en prisión. En medio de esta actividad política y profesional, es también en estos años cuando Nicolás Salmerón define su postura ante la iglesia católica a través del análisis que hace de la doctrina pontificia formulada a través del “Syllabus” y de la encíclica “Quanta Cura” en la que la Santa Sede condenaba las nuevas corrientes ideológicas. A través de dos artículos publicados en la “Revista Democrática”, Salmerón plantea el antagonismo entre la civilización moderna, asentada en la razón y la libertad de conciencia, y la doctrina católica, expresada en los documentos citados. La convulsa situación política que siguió al derrocamiento de Isabel II, le llevaría al primer plano de la actividad política. Sus intervenciones en las famosas reuniones del circo Price, en octubre de 1868, en las que los republicanos discuten sobre el carácter de una hipotética república en España, ponen de manifiesto su sentido común, al defender doctrinariamente la fórmula federal, pero reconociendo la conveniencia de adoptar en un primer momento la fórmula unitaria, más adecuada a la escasa formación política del pueblo español. Diputado por Badajoz, su actuación en las Cortes de 1871, especialmente sus intervenciones en el debate parlamentario sobre la legalidad de la I Internacional, le consagran como uno de los grandes oradores del siglo XIX. Nuevamente sus intervenciones nos definen la personalidad de Salmerón. Contrario a la Internacional –dentro de los que fue la reacción por parte de la burguesía y las clases medias a los sucesos de La Comuna de París-, mantiene no obstante la legalidad que la Constitución de 1869 presta al derecho de las clases obreras a asociarse libremente. Con la
proclamación de la República, Salmerón alcanzaría
su máximo protagonismo. Ministro de Gracia y Justicia bajo la
presidencia de Figueras, se mostró decidido defensor de la independencia
del poder judicial ante el político y trabajó en pro de
la abolición de la pena de muerte. Presidente de las Cortes durante
la etapa de Pi y Margall al frente del Ejecutivo, seguirá mostrándose
partidario de una política de prudencia en el proceso de implantación
del federalismo en España. Progresivamente fue convirtiéndose
en líder de un sector moderado del republicanismo que la auparía
a la Presidencia de la República tras la dimisión de Pi
y Margall, desbordado por el fenómeno cantonalista.
Afianzada la Restauración como sistema político, el gobierno liberal de Sagasta decidió reintegrar a sus cátedras a los profesores expedientados. Sin embargo, Salmerón no regresaría a España hasta cuatro años más tarde, momento en el que no sólo retomaría su labor docente, sino que supondría su reintegro a la vida política parlamentaria, que ya no abandonaría hasta su muerte, fundado el Partido Centralista tras su ruptura con Ruiz Zorrilla como consecuencia del pronunciamiento de Villacampa. Su prestigio, y la progresiva desaparición de las grandes figuras históricas del republicanismo, consolidaron e incrementaron la influencia de Nicolás Salmerón que, en 1903, fue designado líder de la Unión Republicana, intento de superar la histórica fragmentación del republicanismo español a lo largo de la Restauración, que se tradujo en un importante avance en las elecciones generales de 1905, consiguiéndose 30 escaños. Con setenta años, Salmerón vuelve a erigirse en defensor de la libertad de expresión en los debates sobre la Ley de Jurisdicciones y, en parte como consecuencia de su aprobación, se producirá la alianza con los regionalistas catalanes a través de Solidaritat Catalana. Que, con el político almeriense como líder, consiguió unos resultados más que aceptables en las elecciones generales de 1907. El 20 de septiembre de 1908, a los 71 años, moría el político republicano, que sería enterrado pocos días mas tarde en Madrid, en medio de una multitudinaria manifestación. De su labor como filósofo, como docente, como abogado y, muy especialmente como hombre público, destaca sobre todas sus características, la honestidad con que siempre actuó y la coherencia entre doctrina y acción, convirtiéndose Nicolás Salmerón en el prototipo del político honesto que nunca anteponía sus intereses personales al bien general. __________ * Fernando
Fernández Bastarreche es Profesor titular de Historia Contemporánea
en la Universidad de Granada
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