MANUEL RUIZ ZORRILLA (1833-1895)
POLÍTICA
nº 35/36. noviembre-diciembre 1999
Por José
Esteban
Natural de Burgo de Osma (Soria), comenzó su carrera política
como comandante de la Milicia Nacional, contra cuyo desarme luchó
denodadamente. Diputado a Cortes, figuró siempre en la minoría
progresista. Fue contumaz enemigo de la reina, a la que consideraba identificada
con los reaccionarios. Muy joven dirigió la sublevación del
cuartel de San Gil (1866), por cuya causa tuvo que emigrar.
Volvió
a aparecer en la preparación del movimiento revolucionario de 1868,
y al triunfar éste, ocupó la cartera de Fomento en el gobierno
presidido por el duque de la Torre. Desde este cargo, decretó la
libertad de la enseñanza primaria y suprimió las Facultades
de Teología, llevándolas a los seminarios, y repuso en sus
cátedras a los demócratas privados de ellas: Salmerón,
Sanz del Río, Giner de los Ríos, Fernando de Castro y Castelar,
y decretó la inmovilidad del profesorado afecto a Instrucción
Pública. Fue entonces cuando intentó, sin conseguirlo, incautarse
en nombre del Estado de la riqueza artística de la Iglesia.
En 1869 dejó
la cartera de Fomento para pasar a Gracia y Justicia, donde emprendió
una amplia reforma legislativa, renovando la Comisión de Códigos
y dándoles la orientación liberal de la Constitución
que acaba de aprobarse. Salió de este cargo para ser presidente del
Congreso.
Cuando triunfó
la candidatura de Amadeo de Saboya para rey de España, formó
parte de la Comisión que viajó a Florencia a comunicarle su
elección. Fue, después, presidente del Consejo, aboliendo
la esclavitud en Puerto Rico y creando el Banco Hipotecario. Su gobierno
duró hasta la abdicación de Amadeo de Saboya, a quien acompañó
a Lisboa, viviendo allí retirado hasta los días de la Restauración.
Es significativo
que no quisiera ocupar ningún cargo en la Primera República
española.
Con la vuelta
de los Borbones, se declaró republicano y se dedicó a organizar
su propio partido, el Republicano Progresista, pero muy pronto, el 5 de
Febrero de 1875, fue expulsado de España, adonde no volvió
sino para morir. Refugiado primero en Bayona y luego en París, dirigió
desde allí un manifiesto revolucionario a los españoles, lo
que motivó una reclamación del Gobierno español al
francés y que este prohibiera a Ruiz Zorrilla residir en Francia.
Marchó entonces a Ginebra, donde organizó conspiraciones sin
cuento y publicó el folleto A mis amigos ya mis adversarios.
Del 10 al 14
de Junio de 1881 reunió en Biarritz un Congreso al que asistieron
Salmerón, Echegaray, Montero Ríos, Martos, Azcárate
y Muro. Ocupando el poder Sagasta, antiguo amigo y correligionario de Ruiz
Zorrilla, tuvo lugar el levantamiento militar de Badajoz (5 de Agosto de
1883) que tuvo repercusiones en Santo Domingo de la Calzada y la Seo de
Urgel. El movimiento causó víctimas y Salmerón se separó
de Ruiz Zorrilla, organizador y promotor del mismo. En cambio, parece ser
que no tuvo arte ni parte en la sublevación militar de Cartagena,
obra del cabecilla federal Antonio Gálvez y que narró Sénder
en Mr. Wit en el cantón.
En lo sucesivo Ruiz Zorrilla no dirigió ningún otro levantamiento,
limitándose a dirigir de vez en cuando algún manifiesto a
sus paisanos. Para ello, aunque vivía en París, se iba a Londres,
para evitar enfrentamientos con las autoridades francesas.
Puede decirse
que desde la iniciación de su exilio fue elegido diputado en todas
las elecciones, pero se negó siempre a volver a sentarse en el Congreso.
Su casa de París se convirtió en obligada peregrinación
de republicanos y progresistas españoles y dejó la dirección
del partido en manos del Doctor Esquerdo, en quien confiaba plenamente,
como médico, tanto como político.
Enfermo del
corazón, el citado Doctor Esquerdo le trajo a España, a su
finca de Villajoyosa, en Alicante. Desde aquí el revolucionario publicó
una carta a El País retirándose de toda política activa.
"Pensé siempre morir en el extranjero o entrar en España
cuando la República hubiera triunfado o en el momento en que los
republicanos contasen con elementos para presentar la batalla a las instituciones.
La suerte no ha querido dejarme presenciar la victoria de nuestros ideales
ni morir en la demanda. Una grave enfermedad me ha inutilizado; los médicos
me imponen un absoluto reposo. No tengo el derecho de suicidarme, y como
en mi estado de salud no puedo ser útil a la causa, me retiro al
seno de mi familia y me decido a prescindir de toda lucha política".
Reunida la
Asamblea del partido, acordó reiterar a Ruiz Zorrilla su incondicional
adhesión. Entre tanto, agravada su enfermedad, salió para
su finca de la Tablada, pero hubo de detenerse en Burgos, donde murió.
Era el 13 de junio de 1895.
Fernández
Bremom, distinguido escritor del momento, dijo: "Tenía el
señor Ruiz Zorrilla, a nuestro juicio, grandes cualidades y grandes
defectos... Nacido a la política militante en los preliminares de
la Revolución de Septiembre, era, ante todo, radical y antidinástico...
Don Manuel Ruiz Zorrilla era algo más que un carácter, era
una energía. De probidad notoria, que no inspiraba el recelo de que
aspi rase al triunfo por el apetito del saqueo, sus convicciones liberales
eran anteriores a las republicanas".
Además
de las obras citadas, dejó unas Resoluciones adoptadas por el Ministerio
de Fomento desde 9 de Octubre de 1869 hasta la apertura de las Cortes Constituyentes
(Madrid, 1869), y Discursos pronunciados por el Excmo. Sr.Don Manuel Ruiz
Zorrilla (Madrid, 1872).