ANTONIO REMIS: REPUBLICANO SOÑADOR Y DIRECTOR DE POLÍTICA
EN EL EXILIO
POLÍTICA
Nº 50, enero-febrero 2003
ISABELO
HERREROS
Conocí
a Antonio Remis en París en el Otoño de 1975, cuando todos
los antifranquistas nos afanábamos en evitar el último crimen
del sanguinario dictador y en la Mutualité, y en las calles inmensas
manifestaciones congregaban a los demócratas franceses y a españoles
de todos los grupos de la oposición. Se percibía en el ambiente
la traición a la República de los que ya habían pactado
con los albaceas del franquismo y eran precisamente los veteranos republicanos
quienes con más lucidez veían lo que iba a ocurrir. Sin embargo
no por ello dejaban de estar en primera línea en todas las actividades
de protesta contra las últimas atrocidades de quienes aún
tiranizaban al pueblo español.
Antonio Remis
era un republicano de acción, muy en contacto con las nuevas generaciones
de refugiados españoles que habían llegado a París.
Parecía sacado de una novela de Pérez Galdós, por la
familiaridad con que hablaba de la política del siglo XIX; y su historia
personal bien daría para un guión de película sobre
los años más duros del franquismo. Remis era asturiano de
origen y madrileño de vocación, solterón castizo y
del cuerpo de oficiales de Correos, de los que habían proclamado
la República desde ese Palacio de Comunicaciones de la Plaza de la
Cibeles que ahora amenazan con convertir en despacho del futuro alcalde
o en sede de cualquier empresa pública, tras privatizar del todo
Correos.
Antonio Remis
fue militante del Partido Republicano Radical Socialista y admirador de
Álvaro de Albornoz y Marcelino Domingo. Tras la fusión fue
dirigente de Izquierda Republicana de Madrid y Secretario Provincial durante
los años de la guerra, también fue Gobernador Civil de Córdoba.
Rehusó marchar al exilio, tras la derrota de la República,
y como la mayoría de los afiliados de nuestro partido fue condenado
a la última pena, tras sufrir torturas y durísima prisión.
Tras serle conmutada la pena de muerte y salir de prisión se incorporó
inmediatamente a la lucha clandestina contra la dictadura; sería
detenido de nuevo y juzgado en uno de los procesos que se siguieron a la
dirección de la Alianza Nacional de Fuerzas Democráticas.
La permanencia en prisión no le evitó ser conducido de vez
en cuando a la Dirección General de Seguridad, donde el siniestro
comisario Conesa torturaba a los republicanos. Remis consiguió escapar,
tras despertar en un despacho vacío, tras una noche de brutales palizas,
y, gracias a la ayuda de correligionarios pudo salir de España. Era
el año 1947 y a su llegada a París le fueron encomendados
trabajos de IR relacionados con la prensa. Poco después sería
nombrado director de Política y aunque durante muchos años
no lo fue nominalmente, lo cierto es que era el alma de la publicación,
la redacción y domicilio social estaba en los últimos años
en su modesto apartamento de la rue Visconti. La publicación, con
formato de periódico, salía cuando la maltrecha economía
de los republicanos lo permitía. Remis abrió las páginas
de Política a todos los grupos que compartían la alternativa
republicana al franquismo y su entusiasmo no flaqueaba nunca.
Antonio Remis,
con quien me unía amistad y afinidad política, no consiguió
entender las traiciones y pactos de la transición y es por ello que
sólo viajó esporádicamente a España tras la
muerte del dictador, a pesar de la nostalgia que sentía por Madrid,
cuyas calles del casco antiguo conocía como pocos. Lo seguí
visitando hasta que a finales de los 80, aquejado del mal de Alzheimer,
falleció en París. Tan singular personaje, tan vinculado a
la historia de Política, bien se merece esta semblanza al alcanzarse
los 50 números esta tercera época.