CARMEN
DE BURGOS COLOMBINE (1867-1931)
(En Política, Nº 40. Jul-Ago de 2000)
Por José
Esteban Gonzalo.
Fue Carmen de Burgos
una de las primeras mujeres españolas que defendió el papel
femenino en la vida social y en la literatura. Profesora de la Escuela Normal
del Magisterio de Madrid, a donde llega desde Almería, con una niña
pequeña; amiga de Blasco Ibáñez,
con él comparte afinidades políticas, y de todos los progresistas
de la época, dedicó sus esfuerzos y trabajos a luchar a brazo
partido contra todo los institucionalizado.
La escritora, que firmaba sus trabajos con el seudónimo
de Colombine, comenzó muy pronto a distinguirse por el radicalismo
de sus planteamientos. Ya en 1904, y en las páginas del Diario Universal
realizó la primera encuesta entre nosotros sobre el Divorcio, que
tuvo resonancia nacional y al que contestaron desde políticos hasta
los más importantes escritores como Unamuno y Azorín.
Desde las páginas de la prensa nacional, sobre
todo desde El Heraldo y Nuevo Mundo, vivió y participó
del resurgir intelectual de aquella España, pero también la
crisis del cuerpo social, que tuvo lugar desde 1915 a 1923. Fue la primera
mujer corresponsal de guerra, que cubrió la tragedia de Marruecos
y sus artículos y sus conferencias conmovieron los cimientos del
tranquilo mundo femenino español. Dedicó sus esfuerzos al
levantamiento moral de la mujer y dos de sus conferencias dieron la vuelta
a España, La misión social de la mujer, de 1911, y
sobre todo, La mujer en España.
Fiel siempre a sus tareas pedagógicas mantuvo
en la prensa una sección sobre Lecturas para la mujer , y escribió
de belleza, de cocina, de cómo debía redactarse una carta,
de labores, siempre buscando la reivindicación del papel de la mujer
en la sociedad. Asimismo prodigó sus charlas en pro de la República
en el Centro Republicano del distrito de Universidad, en la calle de San
Bernardo, con su moño, sus abundantes carnes y su entusiasmo siempre
contagioso.
Dotada de un estilo diáfano y educativo, impregnado
de naturalidad y modernismo, publicó novelas sin cuento en las colecciones
populares de aquellos años, tanto en El Cuento semanal como
en La novela de hoy. Investigadora incansable, le debemos una modélica
biografía de Larra, en la que aportó datos desconocidos y
valiosos para la comprensión de la vida y obra del genial suicida.
Asimismo, dedicó sus esfuerzos al general Riego del que también
nos dejó inolvidables páginas. Tradujo incansablemente a Nerval,
Ruskin, Renán, Max Nordeau y tantos otros y como novelista baste
recordar Los inadaptados, El anhelo, El abogado y El
artículo 438, que dejan constancia de su espíritu polemista
en persecución de hechos delictivos que denunciaba con valentía
sin igual, lo que le llevó a soportar una ristra de procesamientos
y persecuciones. Puñal de claveles, aparecida en La Novela de Hoy,
el 13 de noviembre de 1931, novela un crimen acaecido en sus tierras almerienses.
Crimen con todos los alicientes melodramáticos y pintorescos
que se quieran: una novia, en el mismo día de su boda, se escapa
con un primo, abandonando al novio. Un hermano de este persigue a los amantes
y mata al raptor. El crimen tuvo gran repercusión a nivel nacional.
Pero al interés de esta historia se suma que el propio Lorca, dos
años después, vuelve sobre el mismo tema en su tragedia Bodas
de sangre
Aparecida esta novela al final de su vida, Puñales
de sangre, (¡qué título tan lorquiano!), reafirma
los principios feministas propios de la autora: la necesidad de encontrar
una salida auténtica, lejos de tanto falso prejuicio, a la mujer
española. Problemas planteados con todo realismo en su otra novela,
también de 1931, Quiero vivir mi vida, prologada por el doctor
Marañón.
Vistas hoy, Puñal de claveles y Bodas
de sangre, representan dos modos distintos de entender la literatura,
como miembros de dos muy distintas generaciones. La de Carmen de Burgos,
luchando por la regeneración del país, intentando acercarlo
a la burguesa Europa. La de Lorca, despectiva de todo lo que huela a burguesía
y enemiga del racionalismo cartesiano.
Compañera sentimental de Ramón Gómez
de la Serna durante muchos años, concitó los odios de los
conservadores, que criticaban su desparpajo y sus pretensiones de igualdad
con los hombres. Mujer libre, desafió a la sociedad, con su conducta
de espaldas a los convencionalismo imperantes. Pero llevó siempre
una vida sencilla, defendiendo las más justas causas y viajó
por Europa y América, aportando sus mensajes de igualdad.
Antimonárquica apasionada, luchó por
la República, defendiendo ardientemente el voto para la mujer, junto
con Clara Campoamor y otras denodadas defensoras de los más elementales
derechos de la mujer. Perteneció al Partido Radical Socialista y
fue una de las dirigentes de la Unión Republicana Femenina así
como de la Asociación Cruzada de las mujeres españolas.
Lamentablemente, Carmen de Burgos murió joven,
en 1931, cuando se vivían los momentos más exaltados del fulgor
republicano. Se sintió enferma dando una conferencia y ya no logró
reponerse. Pero sus últimas palabras fueron para la República:
- Muero contenta -dijo-
porque muero republicana. ¡Viva la República! Y les ruego
a ustedes que digan conmigo ¡Viva la República!
A pesar de su sencillez lejos
de todo fasto político y literario, su entierro fue muy concurrido
y sentido y sus restos descansan en el cementerio civil de Madrid, en compañía
de tantos de sus correligionarios.
Escritora de muchas y variadas obras, de muchos y variados
temas, su sencilla forma de narrar encierra siempre una reflexión
y un análisis que pretenden explicar el origen y las consecuencias
de los hechos que expone.
Como tantos otros escritores de su tiempo, su obra
literaria y su obra social han caído en el olvido. Ambas dignas,
créanme, de mejor suerte.
[Personajes
Republicanos]