
VICENTE
BLASCO IBÁÑEZ
(En Política, Nº
28. Julio-Agosto 1998)
Por José Esteban Gonzalo.
Fue don Vicente Blasco Ibáñez
el más republicano de todos nuestros escritores. Podemos decir
que nació y, naturalmente, murió, republicano.
Periodista siempre comprometido,
se inició como tal en las páginas de una publicación
antimonárquica La Bandera Federal", semanario
distribuido gratis en la región valenciana y fundado por el
propio Blasco en 1889, cuando contaba veintidós años.
Se trataba de una publicación del republicanismo federal más
radicalizado.
El autor de La Barraca
fue siempre partidario de una república federal, a ejemplo
de los Estados Unidos de América. Su maestro, Pí y Margall,
por el que sintió siempre un efecto rayano en la adulación.
Pero la aportación
más extensa y más apasionante del Blasco periodista
a la causa de la república española fue el diario El
Pueblo. Fundó este "diario republicano de la
mañana" el 12 de noviembre de 1894. Allí, durante
años, publicó nuestro gran novelista cientos de artículos,
con el vigor y impulso de luchador que siempre le caracterizó.
Este diario fue para Blasco
Ibáñez su barricada personal, donde se batía
contra tirios y troyanos, en lucha desigual contra la censura de la
Restauración, que secuestraba el periódico y le llevaba
a comparecer en sucesivos consejos de guerra. Uno de ellos le llevó
a la prisión de San Gregorio, viejo convento del centro de
Valencia.
Diputado en seis sucesivas
legislaturas, su prestigio como orador, más mitinero que parlamentario,
fue creciendo, así como su fama de escritor y periodista.
En 1910, nuestro novelista
abandona España. "Yo -confiesa- nunca he sido
un político al uso. Yo he sido un agitador, un romántico,
y lo seguiré siendo".
Sus triunfos como escritor
le llevan a América. Se convierte en el español más
famoso del mundo. Sus novelas se venden por millones, pero nunca olvidará
sus ansias republicanas. Así lo demuestra su última
aventura periodística, España con honra,
que reproduce la famosa frase de Prim, y que defendió los intereses
republicanos en el París de los años veinte. En sus
páginas, condenaban la Monarquía de Alfonso XIII y publicaron
ilustres españoles, como Unamuno y Eduardo Ortega y Gasset.
Su etapa valenciana 1894-1898,
fue la más rica en artículos y la más comprometida.
Dedica entonces toda su energía, que era mucha, al republicanismo
federal revolucionario. Creó su propio partido, Partido de
Unión Republicana Autonomista, y que perdurará hasta
la guerra civil.
Lo cierto es que El Pueblo
es un instrumento usado por Blasco con habilidad para difundir sus
ideas de revolución republicana, intentando crear en la ciudadanía
el más alto nivel ideológico y una decidida conciencia
política. Sus artículos escribió uno de
sus estudiosos, Paul Smith- revelan su intransigencia y el rechazo
a las Cortes como medio de posibilitar un nuevo orden social en España.
Sus ideas se acercan, al rechazar "lo existente" a los anarquistas
y a los socialistas.
Blasco Ibáñez
fue siempre un decidido defensor del pobre y desheredado. Ningún
otro novelista de su tiempo, y quizá de todos los tiempos,
ha retratado a los obreros como auténticos personajes de novela
y ninguna condena más firme que la suya contra la explotación
del proletariado por el capitalismo.
El segundo período
de El Pueblo, 1899-1906, lo pasa Blasco en Madrid. Elegido
diputado republicano a cortes. Desde la capital y desde su escaño,
proclama a todo el pueblo español las verdades que antes dirigía
en exclusiva a los valencianos. Blasco y Rodrigo Soriano, también
diputado por Valencia, ambos escandalizan a un Congreso pazguato y
dominado, con sus afirmaciones antimonárquicas y anticlericales,
que pretenden levantar el ánimo del bajo pueblo español.
El espíritu animoso
de Blasco Ibáñez, sufría un gran dolor ante las
limitaciones a que le sometía el Parlamento y esto le llevó
a alejarse de las Cortes. Seguirá entonces el ejemplo de Zola
y otros grandes novelistas comprometidos, y se apartará de
la acción directa. Su lucha por un mundo mejor se trasladará
a sus novelas, al denunciar las muchas lacras sociales de la España
de la Restauración y sus incontables injusticias y proclamando
la necesidad de la revolución. Así se ve en sus novelas
sociales aparecidas entre 1903 y 1906.
Blasco Ibáñez
tuvo, además, una verdadera vida de novela. Fue colonizador
en Argentina. Visitó las trincheras y defendió la causa
de los aliados contra el militarismo alemán del 14. Una de
sus muchas novelas, Los cuatro jinetes del Apocalípsis,
le consagró en los Estados Unidos y le convirtió hasta
su muerte en un escritor de fama mundial. Recorrió el país
dando conferencias. Colaboraba en más de cien periódicos.
El Congreso, puesto en pie, le aclamó.
Durante seis meses dio la
vuelta al mundo, y así escribió La vuelta al mundo
de un novelista. Los últimos años de su vida
los pasó en la Costa Azul, en Menton, en un palacete que llamó
"Fontana Rosa".
Murió el 3 de enero
de 1929, tras un delirio que le llevó a musitar estas palabras:"¡Es
Victor Hugo! Que pase, que pase. Mi jardín
,mi jardín
"
Proclamada la República, la Marina española trajo su
cadáver al Grao Valenciano, en octubre de 1933, en un acorazado
de guerra, que escoltaron desde Francia dos destructores. Una multitud
nunca reunida en Valencia tardó cuatro horas en recorrer los
cuatro kilómetros del puerto al cementerio civil. "Quiero
que mi cuerpo se confunda con esta tierra de Valencia, que es el amor
de mis amores".
Leyendo las páginas
de una poco conocida como interesante Historia de la revolución
española, escrita por el joven Blasco en París
en 1890, pueden encontrarse las claves de su pensamiento político.
Siempre pensó que la revolución debe hacerse desde abajo.
Su literatura, debe también
hacer reflexionar a los críticos en este año en que
se conmemora la generación del 98, generación de la
que nuestro novelista siempre estuvo excluído, a pesar de ser
contemporáneo.
Hoy, sobre todo, a los republicanos,
nos interesan sus artículos. Una selección de los mismos,
siempre apasionantes, puede leerse en un librito con el título
Contra la Restauración. Periodismo político, 1895-1904.
Fueron recopilados en 1978. En ellos se puede ver al mejor Blasco,
y constituyen un documento de inestimable valor. Nos permiten conocer
al hombre y al político y sobre todo al republicano y comprender
que gozan de total actualidad, al repetirse en nuestros días
una nueva Restauración de características muy similares
a las que vivió y sufrió el novelista valenciano.
